Thursday, 7 April 2016

Informe matutino (Morning Report Spanish Translation)

Informe matutino (Morning Report Spanish Translation)

Volumen 1 de la serie Informes Matutinos

Una década ha pasado desde su primer beso y Luke Murray está cada día más enamorado de Simon. Como administradores de La Vaca Perdida, el rancho de los padres de Luke, ambos llevan su relación con discreción y son apreciados por los vecinos del pueblo, a pesar del conocido mal genio de Luke. Hasta que un día, de repente, los dueños de las tiendas locales se niegan a seguir atendiéndolos.

Su desconcierto se prolonga hasta que la madre de Luke les revela que el nuevo pastor ha convertido a la pareja en el blanco de sus sermones. De repente, Luke y Simon se ven rechazados por aquellos a los que llamaban amigos, y su rancho es víctima de una serie de ataques. Conforme el odio y la homofobia del pueblo se vuelven contra ellos, Luke y Simon tendrán que enfrentarse a una decisión crítica: ceder a las exigencias del pueblo y desaparecer o quedarse y luchar por ellos mismos y por su amor.

Excerpt:

EL BOSTEZO lo pilló por sorpresa. Luke estiró los brazos y flexionó los hombros tratando de relajar los músculos de la espalda, tensos después de tres horas frente al ordenador. Si se ponía a bostezar a las nueve de la mañana, es que era hora de hacer un descanso. Miró la pantalla con los ojos entrecerrados. Las hojas de cálculo estaban acabadas y las cuentas casi puestas al día. Media hora más y habría terminado.

Miró con nostalgia por la ventana. El año todavía no había avanzado lo suficiente para poder prescindir de las mangas largas a primera hora de la mañana. Allí fuera, en alguna parte, el capataz de su rancho venía de camino para presentarle su informe matutino, gozando de los primeros rayos de sol antes de que el calor les impidiera disfrutar del día.

Luke le puso mala cara al ordenador aunque no había nadie que pudiera verlo. Él quería estar allí fuera, montando a Lulu, llenándose los pulmones con el aire de la mañana y disfrutando del dulce aroma de la hierba, no atrapado frente a un ordenador. Era un cowboy, demonios, no un maldito burócrata.

—Si no tienes cuidado, se te quedará la cara así para siempre.

—Estaré encadenado a esta silla para siempre —replicó él con amargura mientras se giraba hacia su capataz, que le sonreía al otro lado de la ventana abierta. Como siempre, su pelo suave y oscuro le cubría los ojos, y Luke resistió la tentación de acercarse a la ventana para echárselo hacia atrás y poder contemplar aquellos grandes ojos azul marino que brillaban con picardía.

—¿Aún no has terminado? —preguntó Simon con simpatía, sabiendo lo mucho que Luke odiaba tener que quedarse allí dentro con los libros.

Luke se frotó la nuca.

—Otra media hora, creo. Solo me quedan las cuentas. —Hizo una mueca—. ¿El cercado aún estaba en pie?

Simon asintió.

—Aunque no por mucho tiempo. ¿Qué tal si tenemos ahora nuestra reunión matutina y luego preparo el desayuno en lo que tú terminas? Tenemos que ir al pueblo a buscar el pienso antes de que Lil llegue con el ganado nuevo.

—Suena bien. ¿Te veo en el despacho?

—Dame cinco minutos para dejar a Chuck a cargo y allí estaré —prometió su capataz.

Tras echar un vistazo a la ventana para comprobar que Simon no siguiera observándole, Luke le sacó la lengua al ordenador. De bastante mejor humor, se dirigió a su «despacho» con una sonrisa de oreja a oreja. Era hora de recibir su recompensa.





CONOCÍA A Simon desde hacía diez años y llevaban más de la mitad de ese tiempo dirigiendo juntos el rancho. Técnicamente, aún era propiedad de su padre, pero ambos sabían que era solo cuestión de tiempo que acabara vendiéndoselo a ellos. El hermano mayor de Luke no tenía ningún interés en la ganadería y su hermana estaba en la universidad. Ninguno de los dos había puesto la menor objeción en que Luke se quedara con la propiedad. Sus padres vivían en los límites del rancho, cerca del pueblo.

Simon fue el compañero de habitación de Luke en la universidad. Habían tardado unos cinco minutos en darse cuenta de que acababan de hacer un amigo para toda la vida. A Luke le costó un poco más de tiempo admitir su sexualidad. Una cosa era hacerse automáticamente amigo de otro chico, pero vivía en un país de profundas creencias bíblicas y no era estúpido… salvo cuando estaba borracho.

Resultó ser que Simon también tenía un secreto. Les llevó un mes, demasiada cerveza barata, un imbécil homófobo y la estupidez de Luke para descubrir lo que Simon ocultaba. Simon tuvo que sacar físicamente a rastras a Luke del bar antes de que ambos terminaran arrestados por agresión, y Simon, además, por beber siendo menor de edad. El licor hacía que Luke se exaltase y, desquiciado como estaba, quiso volver a entrar para terminar lo que había empezado. Incluso entonces, Luke era vigoroso y fuerte, legado de haber crecido en el rancho. Simon era una brizna de hierba en comparación al presente, pero poseía la ventaja de su estatura y la empleó, acorralando a Luke contra la pared y sujetándole las muñecas contra el áspero ladrillo hasta que se calmó. Aún forcejando contra él, Luke lo llamó abusón por no permitirle terminar de darle una paliza de muerte al hombre que los había llamado maricas mientras tomaban una copa tranquilamente en un rincón.

Simon había frenado sus amargas palabras antes de que Luke dijera algo que ambos lamentarían. Lo hizo de la única manera que pudo: aplastándolo aún más contra la pared de ladrillo y lamiendo, ¡lamiendo!, sus labios.

—Cállate de una vez —suspiró antes de inclinarse para besarlo.

Luke aún podía recordar el sabor a soda y alitas de pollo cuando Simon capturó su boca en el beso más dulce que había experimentado jamás. Luke era cuatro años mayor que Simon. Había retrasado su entrada en la universidad porque su padre estaba enfermo y, para cuando por fin se matriculó, se sentía como un viejo comparado con los demás chicos recién salidos del instituto. Simon era diferente; parecía mayor, atemperado por la vida, a pesar de tener solo dieciocho años. Luke no era ningún novato en cuestión de besos, pero nada le había preparado para el momento en que comprendió, una vez terminado el beso, que aquel era el chico con el que quería pasar el resto de su vida. La impresión lo silenció de un modo más efectivo que el propio beso.

Hacia el final de la noche, descubrió que Simon sentía lo mismo que él y, cuando Luke regresó al rancho La Vaca Perdida al terminar sus estudios universitarios, fue inevitable que Simon lo siguiera. Sus padres recibieron la llegada de Simon del mismo modo que habían recibido la noticia de que Luke era gay: los besaron, los abrazaron y les dijeron que fueran discretos. Y lo eran, la mayor parte del tiempo. Los jornaleros lo sabían, por supuesto. Lo sabían todo. Los que tenían algún problema no tardaban en marcharse, y los que se quedaban mantenían la boca cerrada.

Habían pasado diez años y Luke aún no podía creer la suerte que había tenido al encontrar a alguien que deseaba pasar cada momento del día compartiendo su vida. Simon había trabajado duro para convertirse en capataz y ambos compartían las responsabilidades de la dirección del rancho.

No tardaron en descubrir que Luke se mostraba mucho menos gruñón cuando terminaba el papeleo a primera hora de la mañana, lo que le dejaba el resto del día libre para pasarlo fuera, junto a sus jornaleros, y hacer de cowboy. Ese era el motivo de que hicieran la reunión matutina después del papeleo: era una recompensa por portarse bien. Sin papeleo no había informe y, si eso llegaba a pasar, Luke estaría de mal humor durante el resto del día.

Luke entró en el «despacho» y abrió el grifo de la ducha. Tras quitarse la ropa, se metió bajo el agua caliente con un suspiro de alivio. Dejó que el agua bañara su rostro y bajara por su cuerpo mientras se relajaba, dejando escapar un profundo gemido de deleite.

—Hmmm, parece que has empezado sin mí, jefe.

Luke sonrió.

—De momento no estoy haciendo nada. Solo pensaba que ya va siendo hora de que mi capataz me presente su informe matutino.

Un cuerpo firme y cálido se deslizó tras él, apretándose contra el suyo.

—Presente y a su servicio, señor.

Aquel era el momento favorito del día para Luke: su cowboy dándole las noticias importantes mientras su mano se deslizaba hacia abajo sobre los planos abdominales de Luke, para cerrarse en torno a su ya duro miembro. Simon mordió la delicada piel de la base de su cuello y lo masturbó con firmeza.

Luke se rindió al mordisco y se estremeció mientras Simon succionaba la delicada piel hasta dejarle una marca.

—¿Algo digno de… joder… mención? —jadeó Luke cuando Simon apretó la yema del pulgar contra la abertura de su glande.

—No.

—Bien, haz eso de nuevo.

—¿Qué? ¿Esto? —Simon mordió con fuerza el omóplato de Luke. Ante el frenético asentimiento de este, volvió a morderle otra vez. Y otra, dejándole posesivas marcas por toda la espalda. Luke se retorcía contra él, ignorando el chorro de agua que bañaba su rostro mientras se apretaba contra los dientes de Simon.

—¿El cercado de atrás aún sigue en pie? —Luke jadeó cuando Simon mordió con especial fuerza la sensible piel de su cadera.

—Sí, pero hay que reemplazarlo. No aguantará otro invierno.

—Encargaremos los postes y todo lo demás en el pueblo. Tócame —suplicó. El bastardo estaba de rodillas, pero ignorando el miembro duro como una roca que casi brincaba pidiendo su atención.

Simon levantó la mirada hacia él: el agua le pegaba el pelo por toda la cara. Sus ojos se veían oscuros y enormes, dándole un aspecto salvaje. Luke lo necesitaba ya.

—Será más barato si lo pedimos por Internet. ¡Suplícame!

—Acabo de hacerlo —señaló Luke—. Sabes que prefiero apoyar los negocios locales. —Reparó en la mirada de determinación de los ojos de Simon. «Oh, joder». Simon se marcharía si no obedecía—. Por favor, señor, chúpemela ya, antes de que me vuelva loco.

—Qué mandón para ser un pasivo. —Simon se adelantó para lamer el glande, persiguiendo con la lengua el sabor que el agua se llevaba consigo.

—Soy tu pasivo, no lo olvides. —Luke aferraba la cabeza de Simon, tratando de dirigirle a donde quería aquella boca, pero Simon no iba a permitírselo.

Se puso en pie, ignorando el gemido de protesta de Luke.

—Estás tirando el dinero.

Hizo que Luke se girara de nuevo y lo empujó contra los azulejos. Aún estaban fríos, a pesar del agua caliente que los salpicaba. Luke se retorció, tratando de encontrar algo de consuelo para su erección.

—¡Quieto! —ordenó Simon.

Se quedó totalmente inmóvil, sabiendo que más le convenía no moverse. Simon era muy capaz de irse y dejarle allí si no obedecía. Sintió la mano de Simon deslizarse entre sus nalgas y sus dedos comenzaron a explorarlo, a atormentarlo, mientras lo preparaban, asegurándose de rozar su próstata más o menos cada tres estocadas.

—Te odio —siseó Luke.

—No, no es cierto —murmuró Simon en su oído, arrastrando las palabras con tono divertido.

—Sí que lo es. ¿Vas a follarme o solo a utilizarme para ejercitar los dedos? —Miró por encima del hombro y reparó en la expresión de Simon—. ¡Joder!

—Como desees.

Al segundo siguiente, Luke soltó un chillido mientras su rostro se veía aplastado contra los azulejos y la dura longitud del miembro de Simon lo atravesaba.

—Chillas como una chica —gruñó Simon mientras lo penetraba con fuerza. Luke respondió con otro gruñido. Los fríos azulejos se clavaban en sus huesos mientras era empujado y penetrado como si no hubiera un mañana.

—¿Con cuántas chicas has estado? —trató de preguntar Luke, aunque formar frases coherentes cuando su cerebro se cortocircuitaba con cada embestida no era fácil. Considerando el tiempo que habían estado juntos, debería conocer la respuesta a esa pregunta.

—Algunas, hace mucho tiempo. —Simon sonaba casi sin aliento.

—Si te pillo con una mujer, te arranco las pelotas —amenazó Luke. Y Simon sabía que no era una amenaza vana. Su compañero tenía el temperamento de un demonio, y él se había llevado más de una bronca por mirar a otros hombres. Su relación era totalmente exclusiva: sin excepciones ni sitio para nadie más.

—Hablas demasiado.

—Pues fóllame y deja de jugar conmigo.

—Cállate. —Simon se retiró casi por completo hasta que solo el extremo de su miembro quedó atrapado en la entrada de Luke. Este emitió un gemido de protesta al sentirse vacío—. Ni un sonido más.

Luke abrió la boca para replicar, pero volvió a cerrarla de inmediato.

—Buen chico. —El suave ronroneo lo hizo estremecerse.

Simon tomó las manos de Luke y las apoyó contra los azulejos, cubriéndolas con las suyas, que eran más grandes. Empujó a Luke aún más contra el lateral de la ducha. La mejilla de este quedó apretada contra los azulejos, con lo que podía sentir cada relieve, cada imperfección. Simon inclinó la cabeza y rozó con los labios la oreja de Luke.

—No te atrevas a correrte hasta que yo te lo diga, ¿entendido?

Luke asintió, aún sin permiso para hablar, pero la anticipación casi lo estaba matando.

—Te quiero —musitó Simon como hacía cada mañana tras haberlo silenciado. A Luke le volvía loco no poder responder, lo cual, por supuesto, era la razón de que el muy bastardo lo hiciera así.

Todo lo que se le permitía era intentar mantenerse de pie mientras Simon lo conducía hacia un orgasmo explosivo, incapaz de sujetarse a nada, incapaz de emitir el menor sonido, incapaz de correrse hasta que le dieran permiso.

Porque, sí, Luke podría ser el jefe del rancho La Vaca Perdida, pero allí, en el «despacho», Simon estaba definitivamente al mando. Luke adoraba los informes matutinos.

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Morning Report is also available in German, French and Italian.

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